Lo Femenino en el Círculo Sagrado

20 feb. 2008

LA LUNA DE LA COSECHA

El Sol está marcando su paso de tránsito y el crepúsculo comienza a calmarse.

La Madre contiene su respiración exhalando suavemente el humo de la Pipa Sagrada.

El silencio señala el momento de dar las gracias por todo lo que hemos logrado hacer y Ser, por las lecciones aprendidas y las bendiciones recibidas.

Está llegando el momento del nuevo descanso para volver a recuperar nuestra fuerza vital, al igual que la Madre Tierra, los espíritus del Viento llevan a sus espaldas el eco de Madre Tierra y se infiltran en nuestros sueños a través de la noche, dejando las señales del volar del águila hacia la montaña, compartiendo el Círculo serpentino del Fuego en la estación del soltar lo seco para servir a la renovación de la vida.

Si crecimos durante el paso del sol ardiente y pasamos con éxito el rito de transito de este día. Madre tierra y sus hijos ya no serán los mismos.

Así el lugar del mañana es el lugar de la alegría de los sabios, pues aseguran la continuidad de la vida, pues con conocimiento protegemos las siete direcciones venideras donde los recursos y la abundancia esta presente tomando hoy solo aquello que necesitamos y asegurando la vida de hoy en día y del mañana.

Las gentes nativas antepasadas nos enseñaron que todo ser viviente y todo objeto en nuestro mundo tiene una misión de servicio. El uso del objeto determina su propósito y la misión de servicio. Comprender que si no utilizamos algo que otros necesitan es hora de honrar la energía dándole una utilidad a través de otros a quienes se lo ofrecemos.

En este tiempo de cambiar la marcha recordamos lo agradable del equilibrio y la frescura para desde esta capacidad aproximarnos a nuestros desafíos resolviendo con fortaleza las dificultades del camino.

Guardo silencio en el tiempo de crisis y generosamente no hiero a nadie; la confusión no me determina, no interviene en la decisión.

Cuido respetuosamente y responsablemente la intimidad de las relaciones con la Madre Tierra y sus hijos más pequeños.

En los tiempos de necesitad agradezco el apoyo recibido y aprendo la dignidad del dar honesto y solidario a los demás.

Con gratitud acepto lo que se me ofrece honrando el compartir.

Templando el fuego con valor y en el paso de los inviernos el corazón vuelve a encender su luz del equilibrio.

Los ancianos que honran la vitalidad mediante la Sabiduría eterna caminan bebiendo la belleza que la vida les ofrece, comparten dando las gracias en todo momento.

La voluntad y el deseo de sanar la disfunción de la herida nos habla de la decisión de un trabajo decidido de hacer algo hoy para dejar libre la energía del ser y darle el lugar de la confianza donde hubo terquedad, valor donde hubo miedo, desesperación e impotencia.

Pintar el cuadro del futuro con pensamientos y sentimientos de un mundo mejor lleno de corazones abiertos, grandes e iluminados con los colores del gran misterio, impregnando el mundo de Medicina.

Nuestro hogar, la Madre Tierra vive en la alegría y felicidad y nos comparte el sentimiento de eternidad cuando como hijas amorosas danzamos en nuestra casa y animamos sin detenernos los círculos de vida que crecen en toda su expresión, para que así vuelvan las estrellas del cielo nocturno a iluminar el camino de la fogata de nuestros ancianos, y luego de andar en la tierra regresemos a la ardiente esencia del río sagrado de la Vía Láctea.

Todas las mujeres, todos los hombres, todos los niños, todos los ancianos, todas las ancianas, contribuimos y crecemos entre el Gran Misterio siendo parte armoniosa del Circulo de la Vida.

Son tiempos de dar gracias a la Madre Tierra, a la Abuela Luna, bendecir nuestros dones recibidos, ordenar y equilibrar nuestras vidas sintonizadas con nuestra identidad Terrenal y Cósmica.

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